jueves, 23 de febrero de 2012

Yo y mi casa serviremos al Señor.

Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir, si a los dioses a los que sirvieron vuestros padres al otro lado del río o a los dioses de los amorreos, cuya tierra ocupáis; yo y mi casa serviremos al Señor. Josué 24, 15

Me encanta esa cita bíblica, se encuentra extraída del marco de la gran asamblea de Siquem, en la que Josué reúne a todas las tribus de Israel, para darles un mensaje de parte de Dios. El Señor le recuerda al pueblo todo lo que ha hecho para su salvación a lo largo de la historia, desde Téraj padre de Abrahán hasta la tierra prometida. Me fascina este texto, cada vez que lo leo, traslado las experiencias del pueblo a las propias. Si nos ponemos a analizar, todas esas cosas que hizo por el pueblo las ha hecho Dios por nosotros también. El texto es una invitación a mantener firme la fe, pues Él, que obró en el pasado, va a seguir extendiendo su mano para levantarte en victoria.

Me parece maravillosa la afirmación de Josué al final: “yo y mi casa serviremos al Señor”. A cuantos de nosotros en momentos difíciles se nos olvida todo lo que Dios hizo en el pasado y eso hace que nuestra fe tambalee. Me gusta porque Josué tiene claro las batallas que ha librado junto al Señor y sabe que su fe no depende de las circunstancias y si de la historia de salvación construida junto al Señor.

Te invito a hacer oración y que hoy digas: Yo y mi casa serviremos al Señor.

Señor, sabes que a veces me esfuerzo por lograr mis objetivos y no consigo nada más que el cansancio, poco a poco he ido perdiendo las esperanzas, por eso vengo a tu presencia, porque no quiero desfallecer, porque quiero levantarme con la convicción de que tu me acompañas, que me abrazas en tu amor y me liberas de todo aquello que no me deje luchar por la vida que Tú me has dado. Padre ya no quiero vivir de lamentos, deseo que me regales las ganas para continuar en mis luchas personales; estoy seguro que no me dejas, que jamás me abandonas, me lo has mostrado a lo largo de mi historia. Padre este es el momento en el que más te necesito. Gracias por sostener mi vida, por alegrarme la existencia y hacer de mí más que vencedor. Amén.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La vida devuelve cada patada.

Hay días en los que no nos sale nada bien, la vida parece aún más difícil de lo que nos imaginamos alguna vez, en esos días dan ganas de tirar todo a la basura, de pelear con los más cercanos y de actuar al revés. Estoy seguro de que esa no es la mejor manera de solucionar las cosas, lo emotivo de las circunstancias no puede desdibujar nuestra imagen y hacernos perder los estribos. Conocí a alguien que lo perdió todo en uno de esos momentos fugaces en los que la razón se va de viaje, terminó en la cárcel y sus allegados lo abandonaron porque si lo ayudaban terminarían en problemas también, y por eso quiero reflexionar varias cosas hoy.

La vida está tejida por las dificultades, nadie puede decir que no tiene problemas, qué sería de nosotros sin ellos, permaneceríamos aburridos y sin razones para salir a la batalla, recordemos que los países con más altos índices de suicidio son aquellos en los que la gente vive en extremos de tranquilidad, tienen casa, carro, estudios y toda la vida resuelta. Pero nosotros, que tenemos motivos por los que luchar y razones para tratar de ser mejores, se nos da por resolver todo a las patadas. En algunas ocasiones eso nos genera aún más dificultades que lo que causó nuestro disgusto. Lo peor de todo es que la gente siempre tiene una excusa para hacer el mal que no quiso, los problemas, las deudas, la enfermedad del ser querido y hasta el stress.

En esos momentos de rabia, se nos olvida todo lo que podemos perder en instantes, por eso mi invitación es a descubrir nuestras razones para no tirar la vida al caneco. Qué cosas nos hacen felices, por qué nos levantamos en las mañanas, qué nos motiva a dar la batalla de la vida. Si esas cosas se tienen presentes es mucho más difícil que la razón se vaya de paseo, porque cuando uno tiene claro qué le da sentido a la vida, es menos probable que nos dejemos llevar por las emociones negativas. La vida misma pasa factura de las patadas que le demos, lo que se resuelve con violencia no termina bien.

Quiero dejar claro, que Dios no castiga a nadie, no cobra favores, no nos pone pruebas, no estamos capacitados para soportar un castigo del Todopoderoso, por eso, no le reclamemos a Dios las cosas malas que nos pasa, más bien busquemos en Él, la fuerza para afrontar la adversidad, muchas -por no decir todas las- cosas que nos pasan son producto de las decisiones que tomamos, porque es común escuchar a la gente decir: “está deuda que Dios me puso”, como si el Señor comprará a crédito. Aquel que piensa así, confía en un dios imperfecto, que nos crea para destruirnos, ese no es en el que creo yo. Recordemos que la vida al final nos devuelve cada patada, y a veces pega mucho más duro.