lunes, 22 de agosto de 2011
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¡Ya es tiempo, hay esperanza!
Terminó la fiesta del mundial Sub 20 en Colombia, que a mi modo de ver, nos hizo palpar que aún hay esperanzas para este país, que se puede mejorar y que la violencia no es lo único que Colombia tiene para mostrar al mundo, volvieron las familias al estadio, el espectáculo se vivió de manera armónica en cada uno de los escenarios, extranjeros y criollos se mezclaron como ciudadanos del mundo y el comportamiento nos recordó que cuando no los proponemos somos los mejores anfitriones. Porque a veces me da la impresión que sobrevaloramos lo muy malos que podemos llegar a ser, pero nunca hacemos eco de las cosas buenas, los niños que crecen en medio de noticias desalentadoras, es probable que sumergidos en esa burbuja no se acomoden al ambiente y no hagan nada para cambiar ese tipo de cosas, y así vemos crecer a colombianos que nunca vieron nada distinto a lo que les quisimos mostrar, por eso repetimos la historia.
Ya es tiempo de comenzar las transformaciones grandes, y la primera de ella es que cada uno, comience a cambiar sus propias maneras, quizás nosotros como el pueblo de Israel, estamos esperando un mesías que nos libere de los problemas que aquejan al país: la corrupción, la violencia, la pobreza, entre otros… Pero desde nuestras historias particulares seguimos sin hacer la fila para pagar los servicios, pegándole a los otros como muestra de autoridad o estafando a los que amamos.
Ya es tiempo de que la gran transformación se geste al interior de nuestras vidas, ya es tiempo de que nos apoyemos unos a otros, ya es tiempo de dejar de hablar mal de nuestro país no tan solo con nuestras palabras sino con nuestra actitud, mucha gente de otros lados daría lo que fuera por vivir aquí, mucha gente cambiaría toda su vida por tener las libertades que tenemos en Colombia, pero parece que nos encantara por debajearnos, yo creo que hay esperanza, que podemos salir del subdesarrollo mental y afrontar el reto de humanizarnos (entiendase esto como el proceso en el que nos amamos, cada vez más unos a otros). Yo creo que otra Colombia es posible, creo que los primeros que debemos mostrar coherencia somos nosotros, los que nos decimos llamar seguidores de Jesucristo, las palabras bonitas se las lleva el viento y es nuestro testimonio el que debe arrastrar a todos esos potenciales católicos que necesitan de una ayuda para encender esa llama del amor de Dios.
No crean que todo esto es un simple brote de euforia colombiana, sólo que mi papá decía “defiende lo tuyo con razón y sin razón,” pero cuando veo todo lo que unidos podemos hacer, creo que hay razones más que suficientes para confiar en que podemos salir adelante.
¡Te amo, Colombia!