lunes, 14 de marzo de 2011

La oración debe movernos a la acción.

En momentos difíciles el ser humano tiende a perder la cabeza, eso hace que no se tomen buenas decisiones, y en esas circunstancias creo que es importante que la oración nos ayude a encontrar la paz que necesitamos. No se trata de pedirle a Dios soluciones mágicas, que aparezca o desaparezca el problema, a lo que hago referencia es a que la oración nos ayude a contar con el máximo de nuestras facultades, no hagamos malas interpretaciones de la Biblia. Dice la Palabra en el capítulo 4 de la carta a los Filipenses, en el sexto verso: “No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias.”

Pero estoy seguro que de lo que se nos habla es de entregar nuestros problemas a Dios, no para que los resuelva sino para que en comunión con Él, podamos encontrar fuerza y esperanza en medio de la batalla. Pues alguien que pierde la fe, lo ha perdido todo. “No os inquietéis” es decir no nos desesperemos, no perdamos la cabeza, para que hacerlo si confiamos que con esfuerzo y la ayuda de Dios venceremos, que después de la tormenta viene el amanecer más hermoso.

Tengo la certeza del poder de la oración, pero creo que algunos de nosotros sólo nos quedamos en las hermosas palabras que le regalamos al Señor, pues la oración debe movernos a la acción; no nos vaya a suceder como aquel hombre que le pedía a Dios un empleo, pero nunca se movió a hacer una hoja de vida, no le interesó salir a buscarlo, simplemente rezaba todo el día y al final murió de hambre, nunca lo encontró, y no lo encontró porque Dios fuera malo, sino porque las oportunidades lo esperaban en la calle, pero nunca se le dio por salir.