Hace unos días, haciendo la novena en mi casa, al terminar de leer de la consideración cada uno tenía que hacer una tarea, esta consistía en preguntarse qué queríamos escuchar de Jesús si nos encontráramos con Él frente a frente. Casi todos hablaban de Jesús como un mago:
-¡Quiero que me diga que va a construir casas para los damnificados!
-¡Que saque el agua de los pueblos!
Y otro montón de cosas decían, pero lo que quiero que el Señor nos regale es una palabra transformadora de vida, algo que nos estremezca, que nos vuelque la manera de ser y pensar; no es posible que sigamos pensando que las soluciones a nuestros problemas tienen que ser mágicas, que del cielo va a caer lo que necesitamos, o que la pobreza se va acabar cuando venga Jesús. No, no es así como el Señor quiere que hagamos la vida.
Dios se acercó a nosotros en la persona de Jesús, no para que por abra kadabra se solucionen todos nuestros problemas, sino para que juntos, Él con nosotros, construyamos un camino de salvación. Es el Señor quien nos imprime la fuerza, las ganas, la sabiduría, la paz y la alegría, para sacar adelante nuestros proyectos.
La dificultad de los damnificados, no tiene que solucionarla el Señor, para eso nos dio la vida a nosotros, Él nos utiliza a nosotros para ser bendición, Él pone en nosotros la misericordia, la inteligencia y la fuerza para hacerlo. No pensemos que a los hermanos que se han quedado sin nada por causa del invierno les van a caer del cielo, la comida y el alojamiento. A buscar las oportunidades tenemos que ayudarle nosotros en el nombre del Señor y esto aplica para todos los aspectos de nuestra vida.