lunes, 27 de septiembre de 2010

Ladrones de la Bendición…

Conozco gente que parece tener un don especial para “amargarle el rato” a cualquiera, saben cual es la palabra, el apodo, la broma y hasta la grosería que más daño le causa al otro. Es como si se alimentaran del sufrimiento del prójimo; cuando te ven feliz, conocen el método exacto para borrarte la sonrisa de la cara, saben decirle al que está acomplejado porque tiene unos kilitos de más: – “estás más gordo que la ultima vez.” Y no sólo lo dicen, sino que le dan la entonación necesaria para hacerle sentir mal. Este tan sólo es uno de los tantos ejemplos:

-Ajá niña ¿y tú cuando es que te vas a casar?… te estás quedando, se te está pasando la edad.

-Menos mal creciste… porque de niño tenías la nariz más fea que ahora.

-Ay pobrecito… todas las novias se aburren de ti.

-Es verdad que ahora te dicen horripilin.

- Que dibujo tan feo.

Luego de esas ironías, insultos y bromas de mal gusto, hasta te dan consejos, sí, te dan la formula de encontrar maridos, para transformarte la nariz, para que mantengas tus relaciones, etc.

Todas esas personas son ladrones de nuestra bendición, porque al amargarnos y/o entristecernos se roban nuestra paz, nuestra alegría, nuestro amor, nuestras ganas, son los populares “baja caña.” Pero los culpables de todo eso no son ellos, somos nosotros, porque les hemos dado poder para que nos arruinen el rato; nadie puede ser capaz de quitarnos la tranquilidad que Dios no ha dado, somos nosotros quienes los dejamos que se lleven nuestras sonrisas.

Recuerda que tú decides que cosas te afectan y que cosas no merecen tu atención, recuerdo en los evangelios, el relato de Bartimeo, (Mc, 10. 46) cuando la gente le decía: ¡cállate!, el igual seguía gritando con más fuerza: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! A Bartimeo no le importó que le bajaran la caña, el no le dio poder a los gritos de los otros y lo mismo debemos hacer nosotros.

Nadie merece nuestras lágrimas, nadie merece nuestros enojos y a nadie le debemos entregar la llave de nuestros sentimientos y emociones. Dios nos quiere felices, por eso no dejemos que otros se roben nuestra bendición.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Dejemos secar la ira

En algunos momentos de mi vida he sido cuentero, me gusta poder contar cosas que además de divertirnos nos dejen una enseñanza, porque de las cosas hermosas en la vida poderle sacar una sonrisa a alguien es una de las mejores, y si además esa sonrisa lo lleva a reflexionar, el paquete es completo, por eso hoy nuevamente quiero regalarles un cuento que me encontré en internet:

Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul. Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana.

Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían.

Ella no quería prestar su flamante regalo, pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.

Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota.

Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá "¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo".

Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:

"Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa? Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó.

¿Recuerdas lo que dijo tu abuela? Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil quitar la mancha.Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo".

Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor.

Un rato después sonó el timbre de la puerta...Era Julia, con una caja en las manos y sin más preámbulo ella dijo:

"Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?
Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado.
Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti. ¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa!“
"¡No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó! Y dando un fuerte abrazo a su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo ensuciado de lodo".

Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil.Acuérdate siempre: ¡Deja la ira secar!

Me pregunto si nosotros esperamos a que la ira seque, muchas tragedias se hubieran evitado si aplicáramos la enseñanza de este cuento, a veces en esos momentos de rabia, en los que parece que nos desdibujáramos y dejáramos de ser nosotros, decimos cosas que hieren, que destruyen y que provocan graves consecuencias. No perdamos la cabeza, la situación que nos molesta no puede ser tan grave como para dejar de ser nosotros por unos minutos, como para perder el sentido y terminar como animales sin razonamiento.

Estoy seguro que estos cuentos nos sirve de mucho, que se convierten en una herramienta interesante para aquellos que navegan en busca de sentido para sus vidas, por eso voy a seguir compartiendo muchos de estos con ustedes, recuerda a veces las cosas no son como parecen ser, si nos calmamos y esperamos que tiene para decirnos el prójimo puede que nos ahorremos un disgusto.

lunes, 13 de septiembre de 2010

El “celular” de Dios

Generalmente cuando tenemos un problema, no dudamos en pedirle un consejo a alguien cercano y algunas veces a cualquiera que nos encontramos. En ocasiones nos desesperamos y buscamos ayuda donde no nos la pueden dar, donde nos van a estafar, donde la señora que vierte un montón de menjurjes y te dice lo que quieres escuchar. Intentamos por todas partes, hacemos lo humanamente posible, vamos aquí y allá… pero no pasa nada, el problema se hace más grande y sentimos la impotencia del que no puede tapar el sol con las manos.

Hoy quiero invitarte a llamar a Dios, antes de buscar soluciones vanas, llama a Dios, antes de quejarte, llama a Dios, antes de cualquier cosa, clama al único que puede ayudarte.

Hace unos días cuando revisaba en la Biblia que promesa iba a desarrollar en un programa de radio, alguien me dijo:
-¿y por qué no les das a los oyentes el “celular” de Dios?
-Me sorprendí, pero a la vez le dije y ¿dónde lo puedo encontrar?
A lo que esa persona me respondió:

Jeremías 33. 3

Llámame y te responderé; te mostraré cosas grandes y ocultas que tú ignoras.

¿Será que nosotros si estamos llamando a Dios, como el Señor nos lo pide? Estoy seguro que si hacemos la prueba, Él mismo nos mostrará las cosas maravillosas de las que nos habla. Es más fácil acudir al Señor, que ir a buscar las mil y un soluciones en otro lado. Pero más allá de todo lo que nos pasa, nuestro principal inconveniente está en que no confiamos en lo que el poder de Dios puede hacer por nuestras vidas.

Debemos abrirnos a la experiencia de Dios, confiar en su poder, confiar en que nos puede ayudar, que si auxilió a Jeremías, a nosotros hoy nos regala esta palabra para hacernos su presencia en nuestras vidas, que podemos vencer si clamamos la bendición al cielo. Hoy todo el mundo dice: -dame tu PIN, yo quiero darte el PIN de Dios: Jeremías 33. 3

lunes, 6 de septiembre de 2010

¡No podemos andar por la vida atemorizados!

Me preocupa la actitud de muchos cristianos, que andan por la vida temerosos como si una calamidad los estuviera esperando en la esquina de la calle, algunos dejan de realizar en el transcurso de los días, sus más importantes asuntos porque:

-¡La inseguridad, se ha disparado!
-¡Están atracando en los taxis!
-¡Ya no se puede andar solo por ahí!

Y un montón de cosas más dice la gente y quizás también por la manera escandalosa, (por no decir horrorosa) que presentan hoy por hoy las noticias en algunos medios, que nos invaden la mente con ese montón de titulares negativos. Es cierto que a lo mejor las cosas en Colombia no están del todo calmadas con respecto a la violencia, y tengo consciencia de que hay que tomar precauciones en algunos casos, pero no pasar por la vida atemorizados, cohibidos, asustados, pensando que todo lo malo que anuncian los medios y comenta la gente, nos va a suceder a nosotros.

Todo lo anterior, porque por estos días alguien me comentaba que cada vez que en la calle, sentía el rugir de una moto a sus espaladas, corría sin control, porque hacía poco habían atracado de esa manera a un amigo, y asimismo, otros comentarios parecidos. Lo que quiero plantearles en este texto, es la posibilidad de vivir tranquilos, confiando que Dios nos protege, nos cuida, que quiere lo mejor para nosotros, que no existimos para vivir con miedos, porque a Sutanito o Menganita le sucedió tal cosa.

Nosotros somos cristianos y no estamos exentos de problemas o de experimentar situaciones dolorosas, pero estoy seguro que el Señor nos invita cada día a vivir en plenitud, estar en paz y armonía con Él, el mundo y el prójimo; a sentir que su Diestra victoriosa nos sostiene y que si algo nos pasa, Él estará allí para ayudarnos.


Lee esta promesa que el Señor hoy te hace:

“No temas ni te asustes,
porque contigo está Yavé, tu Dios,
adonde quiera que vayas.”
Josué 1, 9.

No creo que Dios nos prometa esto, para no confiar, para no creerle o para andar con miedos. Hermanos, yo los invito a tomar consciencia que Dios nos ama, que quiere lo mejor para nosotros, sólo nos pide que confiemos en Él. Si tienes miedo, Haz esta promesa tuya, reclama la presencia del Señor haciendo oración con ella:

Señor, hoy no quiero vivir con miedos, asustado, Padre amado, quiero percibir tu presencia maravillosa, adonde quiera que vaya, quiero que me arropes y me protejas en tus dulces brazos. Bendito seas, Dios mío, que escuchas la oración de este hijo(a) tuyo que necesita la seguridad de tu amor. Declaro en victoria mi vida y sé que si en algún momento algo malo me pasara, Tú Señor estarás allí para ser mi auxilio, mi refugio, mi Dios en que quien confió, el que me libra del lazo del cazador y del azote de la desgracia. Amén.


Te invito a orar con el Salmo 91. Dios te proteja siempre.