lunes, 22 de febrero de 2010

Señor, quiero buscarte de todo corazón

Una de las experiencias más hermosas es la oración, si cada hombre cerrara sus ojos y abriera su corazón a Dios todos los días, quizás muchas de los males que aquejan a la humanidad estuvieran resueltos. Pero la realidad es otra, incluso en algunas ocasiones aquellos que van al encuentro con el Señor a través de la oración, muchas veces no van convencidos de que ese que es Todopoderoso los puede ayudar, otros acuden a Él como última opción, primero van donde el brujo, al tarot, utilizan técnicas de auto salvación y luego por si las moscas, pedimos a Dios esa bendición que tanto anhelamos pero que buscamos en otro lado, son esas oraciones que comienzan diciendo:

“Padre, vengo a ti, a ver si por si acaso, no sé… de pronto, por si Tú puedes…concederme tal bendición.”

Así es muy difícil, si nosotros no confiamos, si no creemos, si no alcanzamos a tener la fe ni siquiera del tamaño de un granito de mostaza, es complicado. Por eso en este momento quiero citar el libro del profeta Jeremías 29, 12-13: “cuando me invoquen y vengan a suplicarme, yo los escucharé; y cuando me busquen me encontrarán, siempre que me imploren con todo su corazón.” Que bella Palabra la que el Señor nos regala hoy, a través de la Sagrada Escritura. Siempre nos escuchará, cada vez que lo busquemos de todo corazón lo encontraremos, pero ¿qué significa de todo corazón? Esta promesa nos invita a sentirnos amados por el Padre Dios y a buscarlo por ese amor que el deposita en nuestro interior, que está atento a nosotros y que espera que confiemos en su poder y su grandeza, reconociendo además que necesitamos de su obrar Divino y que sólo Él puede ayudarnos, por eso les invito a cambiar la oración antes citada, por esta:

Señor, te quiero buscar siempre de todo corazón, que pueda venir a Ti, sabiendo que tu amor y tu misericordia son infinitos, confiando en tu poder, creyendo que Tú me puedes ayudar, que respondes cada una de mis plegarias. Bendito seas, Dios de obras maravillosas, quiero contarte lo que pasa por mi corazón, lo que me afecta, lo que no puedo solucionar yo, pero que tengo la plena convicción de que Tú mi Dios, si lo puedes hacer, por eso estoy aquí, alabando y bendiciendo tu nombre, porque hoy reconozco que no hay nadie que me mire como lo hacen tus ojos, no hay nadie que me abrace como lo haces Tú Padre bueno, no hay nadie que le pueda imprimir a mi vida tanta fuerza, alabado seas, gracias por dejarme sentirte en medio de mi oración, gracias por bendecirme cada instante de mi vida, ahora estoy seguro de que concedes lo que te pido si es lo que me conviene. Amén.

Salmo 125. 2

Jerusalén los montes la rodean, así el Señor está en torno a su pueblo desde ahora y para siempre.

viernes, 12 de febrero de 2010

Jesús le dice: "Levántate, toma tu camilla y anda." (Juan 5, 8)

¿A cuántos de nosotros el Señor nos ha dicho lo mismo en esos momentos de dificultad?

El sufrimiento muchas veces es inevitable en nuestras vidas y algunas de ellas no tiene explicación lógica. Todos hemos caído y hemos sentido como la tristeza alberga nuestro corazón, incluso en esas circunstancias sentimos la impotencia de aquel paralítico al que Jesús de Nazareth le dijo que se levantara, queremos hacer tantas cosas pero nos sentimos tan limitados como ese pobre hombre en su camilla. Por eso sé que en este preciso instante mi Señor te está hablando a ti, estoy seguro que Jesús pronuncia esas palabras de victoria para que sean captadas por tus oídos, meditadas por tu corazón y generen una transformación en tu existencia.

Dios no nos quiere tristes, tirados, llorando por la leche derramada, nuestro Padre de amor desea lo mejor para nosotros, que nos levantemos en su Nombre Poderoso de la enfermedad y de las penas. Recuerdo con alegría esa canción de Ambiorix Padilla que dice: “me quedé sentando a orillas del camino.” Y es que en realidad, algunos de nosotros no luchamos por la vida, cuando tenemos todo un camino que recorrer, sentimos la misma impotencia del paralítico que quiere caminar, pero está impedido, nosotros muchas veces también estamos bloqueados y nuestras barreras e impedimentos no las hemos puesto nosotros mismos, en el instante en que optamos por no hacer nada para cambiar eso que nos está afectando. Asimismo, esa canción dice: “levántate, yo estoy contigo,” y de verdad está con nosotros, llenándonos de su fuerza y dándonos las razones para seguir viviendo.

Cada latido de nuestro corazón, cada momento que el Señor nos permite estar vivos es una bendición, por eso la invitación es para que tomes tus limitaciones y andes, es decir, que continúes tu vida en el camino de la victoria, que el Nazareno te ha propuesto, ese lleno de luz y esperanza. Tus miedos, tus frustraciones, tu desánimo, todo eso lo podrás vencer cuando decidas abrir tu corazón al mensaje Divino: LEVANTATE, TOMA TU CAMILLA Y ANDA.

Jeremías 3. 19

"Te tendré como a un hijo y te daré una tierra esplendida, flor de las heredades de las naciones, padre me llamarás y de mi seguimiento no te volverás."