jueves, 2 de diciembre de 2010

Quema mi vida…

No han ustedes sentido alguna vez esa sensación de agotamiento existencial, es decir, de cansancio de estar vivos, como pidiendo un aire nuevo porque se nos acaba el que respiramos, si la han experimentado es probable que el pecado habite entre ustedes. Ayer escuché algo verdaderamente sabio, decía el Padre Alberto, que el pecado mata a Dios en nuestros corazones y destruye nuestras vidas. Algunos de nosotros nos acostumbramos a vivir en medio del lodo, sin inmutarnos, así es como el pecado nos corroe y poco a poco vamos deteriorándonos, nos sentimos lejos del Señor y por eso cuando llegan las dificultades tambalea nuestra existencia, nos sentimos frágiles, pequeños y la verdad es que lo somos, si no nos encontramos cerca de aquel que todo lo puede.

Hace poco en Barranquilla, tuvimos una experiencia pastoral de preparación para adviento, muy interesante, se llamaba “quema mi vida Señor” y precisamente se trataba de eso, de pedirle a Dios que nos ayudará a sacar a quemar, todo lo que nos impide estar cerca de Él, el pecado, esos malos sentimientos, esos deseos de hacer daño, en fin todo eso que no nos deja ser felices; porque la verdad es que las posibilidades de ser felices son escasas si Dios ha sido asesinado en nuestros corazones, pues en Él toda nuestra vida cobra sentido, el Señor es quien nos mueve y dinamiza todo lo que somos.

Jon Carlo, Ministro de la música católica, invitado especial al evento nos compartió el texto de Jeremías 18. 1 – 6:


“Aquí viene una palabra que Yavé dirigió a Jeremías:

Levántate y baja a la casa del que trabaja la greda; allí te haré oír mis palabras.

Bajé, pues, donde el alfarero que estaba haciendo un trabajo al torno.

Pero el cántaro que estaba haciendo le salió mal, mientras amoldaba la greda. Lo volvió entonces a empezar, transformándolo en otro cántaro a su gusto.

Yavé, entonces, me dirigió esta palabra:

Yo puedo hacer lo mismo contigo, pueblo de Israel; como el barro en la mano del alfarero, así eres tú en mi mano.”

El Señor quiere hacernos de nuevo hoy, perfeccionarnos, nosotros debemos dejar que Él nos moldee, abrir nuestros corazones a su acción y arrancar de una vez por todas, el pecado de nuestras vidas. ¡sólo así tendremos vida plena!

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