viernes, 29 de octubre de 2010

Recurrí al Señor y Él me contestó...

Recurrí al Señor, y Él me contestó, y me libró de todos mis temores. Los que miran al Señor quedan radiantes de alegría y jamás se verán defraudados Salmo 34, 4 -5

El Señor me regaló esta palabra y hoy quiero compartirla con ustedes, estoy seguro que estás pasando momentos difíciles, que tienes miedos de toda clase, miedo de amar, de luchar, de trabajar, de dar testimonio, de ser feliz... pues hoy te invito a que recurras a Dios, a que vayas a buscarlo en la oración, a que te aferres a su presencia poderosa, porque únicamente Él es certeza para nuestras vidas, en estos momentos en los que la incertidumbre quiere hacer morada en tu corazón, el Señor se convierte en plena convicción para nosotros, en la seguridad que necesitamos para alcanzar la plenitud.

Por momentos dejamos que la inseguridad reine, pero hoy yo te digo que tengas fe, somos escogidos por Dios para vencer, el Señor no prepara perdedores, el sólo saca de sus entrañas verdaderos campeones, ninguno de los que aceptaron al Padre eterno se vio defraudado, ni Moisés, ni Jeremías, ni Daniel... tampoco tú que estás leyendo este Blog lo serás, serás salvo en el Nombre del Señor.

Quedaremos llenos de la alegría y la oscuridad de nuestro corazón sera vencida por la LUZ.

Oración:
Señor, hoy quiero volcar mi mirada hacia ti, hoy sólo anhelo mirar tu gloria, y que Tú Señor ilumines mi rostro, quiero que me llenes de tu alegría, que me llenes de tu fortaleza, yo te necesito; recurro a Ti Dios Uno y Trino, para que me libres de todos mis temores, de todo aquello que impida encontrarme contigo, de todo lo que no me deja ser feliz. Gracias Señor, porque antes haz obrado con poder en mi vida, antes he clamado al cielo y Tú me has bendecido, hoy tengo la certeza de que me escuchas y atiendes mi suplica. Amén.

viernes, 22 de octubre de 2010

Quien dice que permanece en Él, debe vivir como vivió Él.

Nosotros como católicos debemos llevar una vida que anuncie a Dios, ese que habita en nuestros corazones y nos inunda de paz con su presencia, por eso cada uno de nuestros actos debe expresar el profundo amor que profesamos hacia el Señor, precisamente en la primera carta del apóstol San Juan en el Capítulo 2 en el verso 6 dice: quien dice que permanece en Él, debe vivir como vivió Él. Este hermoso texto nos recuerda la importancia de vivir a la manera de Jesús de Nazareth, pero la pregunta que surge a raíz de este es:

¿Cómo vivir a la manera del Señor?

Tres aspectos fundamentales conformaban la vida de Jesús de Nazareth, el Señor era alguien que siempre hacía el bien, vivía en el amor y que llegaba sanando a cualquier lugar.

En esta medida, debemos los católicos llevar nuestras vidas en coherencia, esto es, de manera que coincida lo que anunciamos, pensamos y sentimos con lo que hacemos. El modelo a seguir es Jesús de Nazareth, sabiendo que en este mundo en el que vivimos no es fácil hacer el bien, pues constantemente nos encontramos con tentaciones que nos podrían desviar de hacer lo que nuestro Señor habría hecho en su caso, pero es así como debemos vivir, de modo justo, sin estafar, sin robar, sin hacerle daño a otros para lograr nuestros objetivos, sin denigrar, sin ofender, que nos conozcan como gente que actúa a la luz de la Palabra. Que tengamos como primer y único mandamiento el amor, a Dios y al prójimo, esa es la fuerza que nos debe mover, amar aún aquellos que nos atacan, porque sólo el amor verdadero transforma vidas, por eso Jesús de Nazareth con su mirada de afecto logró cambiar la manera de pensar de la samaritana, de zaqueo y de tantos otros. Asimismo, el Señor sanó a muchos enfermos, endemoniados y paralíticos, cualquiera de nosotros pensaría que esto no se lo podemos copiar a Jesucristo, pero la idea es que a donde lleguemos llevemos palabras de sanación, palabras de aliento, de ánimo, esas que pueden sanar corazones y malas conductas, debemos tener la plena convicción que con nuestras palabras aquellos que están enfermos por la drogas, aquellos endemoniados con ira y aquellos que no se pueden levantar de la tristeza en la que viven podrán asumir la vida de manera distinta.

Por último, no podemos olvidar que Jesús de Nazareth era un hombre que vivía en constante diálogo con el Padre Eterno, por eso nosotros también debemos ser hombres y mujeres de oración, que emprendemos nuestros proyectos poniéndolos en manos del Dueño de la vida. De este modo, garantizamos una vida llena de paz y de alegría, en presencia de Dios.

lunes, 11 de octubre de 2010

…Esfuérzate, pues, y se valiente.

Hoy pienso en tanta gente que deja pasar las oportunidades, conozco personas que durante mucho tiempo le pidieron a Dios un buen trabajo, que lloraron porque no hacían nada productivo, que reclamaron a la vida lo injusta que era, pues algunos contaban con oportunidades que otros ni siquiera tenían; y cuando por fin el Señor les regaló un empleo, se dedicaron a perderlo, a no cuidarlo, a dejar pasar el tiempo, a hacer lo mismo que cuando no lo tenían.

El anterior es sólo uno de los ejemplos que podríamos citar, porque muchos de nosotros todavía no sabemos que queremos construir con nuestras vidas, pensamos que siempre vamos a tener una nueva oportunidad, que nos merecemos todas las que vengan y que si dejamos pasar alguna, ¡no pasa nada, otras vendrán!

Algunas veces hasta buscamos culpables para disfrazar nuestra mediocridad: el profesor, el jefe, el policía, el vecino, perencejito, fulanita, en fin… siempre hay un culpable, alguien que no nos deja edificarnos, prosperar y salir adelante.

Es momento de pensar si pasaremos toda la vida en esa actitud, a veces creo que queremos rendirle un culto a la mediocridad, nosotros somos responsables de lo que pasa en nuestras vidas, cuando no llegan las oportunidades las fabricamos; si se nos presentan las aprovechamos; esa el la manera de sacarle el fruto a todas nuestras experiencias. Dice la Palabra de Dios en el primer capítulo del Libro de Josué:

…Esfuérzate, pues, y se valiente.

Creo que es una invitación a luchar por nuestras bendiciones, a ayudarle a Dios a bendecirnos, no podemos dejar que las oportunidades nos pasen por el lado, debemos esforzarnos por lo que queremos y cuando lo obtengamos, seguir esforzándonos por conseguir nuevas metas; en nuestros corazones no puede haber cabida para la pereza, el miedo y el fracaso, porque si nos proponemos, aún de la dificultad puede surgir una bendición gigantesca.

lunes, 4 de octubre de 2010

“Siempre la misma quejadera”

Hace unos días abordé un taxi, y al ver el rostro de quien conducía, me dio la impresión de que parecía el de un hombre infeliz, algo que confirmé en el momento mismo en el que arrancó, pues ese hombre comenzó a quejarse de todo: de la lluvia, del sol, de los otros taxis, de las motos, del alcalde, de los huecos, de la esposa, de todo… decía estar aburrido del país y de la vida; pensé si esa es la actitud que debemos tomar nosotros los cristianos ante las situaciones que nos plantea la vida, no creo que esa sea la forma de afrontar los problemas.

Si la solución a nuestros inconvenientes fuera llorar y quejarse, la vida sería muy fácil, nos reuniríamos todos y no hiciéramos asambleas de oración y alabanza, sino asambleas de “lloración y quejadera”. Y así resolveríamos todas nuestras dificultades, pero creo que las lecturas que algunas personas hacen de la vida, no son las más adecuadas, creen que la existencia se teje en mundos de mentiras y fantasías, como en los finales de los cuentos de hadas que dicen “y vivieron felices por siempre.” Porque algunos piensan que la felicidad es ausencia de problemas y de verdad que están muy equivocados.

Debemos abordar los problemas con una actitud diferente, como quien no se acobarda, quien no se queda sentado a esperar que lluevan soluciones; estoy seguro de que tus problemas son grandes, pero no tan grandes como para vivir derrotados y entregar a ellos la vida que Dios nos ha regalado. Despierta, sacúdete, la vida no se te puede pasar entre quejas y reclamos, entre preguntas como ¿por qué a mí? y ¿hasta cuando? Creo que la historia la escribimos en la medida en que salimos a batallar, a esforzarnos para buscar nuestra bendición.

Tengo la plena seguridad de que ese taxista que se quejaba por todo, tiene más motivos para darle gracias a Dios por las grandes maravillas de las que goza, que motivos para reclamarle por los problemas que tiene, porque pude ver la foto de una niña hermosa que reposaba en el tablero de su taxi, seguramente es su hija, por quien tendría que tener una actitud distinta, pues debe velar para que esa niña crezca enorgulleciéndose de su padre, que con esfuerzo la sacó adelante.

Te invito antes de quejarte, a revisar porque cosas tienes que darle gracias a Dios.