Conozco gente que parece tener un don especial para “amargarle el rato” a cualquiera, saben cual es la palabra, el apodo, la broma y hasta la grosería que más daño le causa al otro. Es como si se alimentaran del sufrimiento del prójimo; cuando te ven feliz, conocen el método exacto para borrarte la sonrisa de la cara, saben decirle al que está acomplejado porque tiene unos kilitos de más: – “estás más gordo que la ultima vez.” Y no sólo lo dicen, sino que le dan la entonación necesaria para hacerle sentir mal. Este tan sólo es uno de los tantos ejemplos:
-Ajá niña ¿y tú cuando es que te vas a casar?… te estás quedando, se te está pasando la edad.
-Menos mal creciste… porque de niño tenías la nariz más fea que ahora.
-Ay pobrecito… todas las novias se aburren de ti.
-Es verdad que ahora te dicen horripilin.
- Que dibujo tan feo.
Luego de esas ironías, insultos y bromas de mal gusto, hasta te dan consejos, sí, te dan la formula de encontrar maridos, para transformarte la nariz, para que mantengas tus relaciones, etc.
Todas esas personas son ladrones de nuestra bendición, porque al amargarnos y/o entristecernos se roban nuestra paz, nuestra alegría, nuestro amor, nuestras ganas, son los populares “baja caña.” Pero los culpables de todo eso no son ellos, somos nosotros, porque les hemos dado poder para que nos arruinen el rato; nadie puede ser capaz de quitarnos la tranquilidad que Dios no ha dado, somos nosotros quienes los dejamos que se lleven nuestras sonrisas.
Recuerda que tú decides que cosas te afectan y que cosas no merecen tu atención, recuerdo en los evangelios, el relato de Bartimeo, (Mc, 10. 46) cuando la gente le decía: ¡cállate!, el igual seguía gritando con más fuerza: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! A Bartimeo no le importó que le bajaran la caña, el no le dio poder a los gritos de los otros y lo mismo debemos hacer nosotros.
Nadie merece nuestras lágrimas, nadie merece nuestros enojos y a nadie le debemos entregar la llave de nuestros sentimientos y emociones. Dios nos quiere felices, por eso no dejemos que otros se roben nuestra bendición.
-Ajá niña ¿y tú cuando es que te vas a casar?… te estás quedando, se te está pasando la edad.
-Menos mal creciste… porque de niño tenías la nariz más fea que ahora.
-Ay pobrecito… todas las novias se aburren de ti.
-Es verdad que ahora te dicen horripilin.
- Que dibujo tan feo.
Luego de esas ironías, insultos y bromas de mal gusto, hasta te dan consejos, sí, te dan la formula de encontrar maridos, para transformarte la nariz, para que mantengas tus relaciones, etc.
Todas esas personas son ladrones de nuestra bendición, porque al amargarnos y/o entristecernos se roban nuestra paz, nuestra alegría, nuestro amor, nuestras ganas, son los populares “baja caña.” Pero los culpables de todo eso no son ellos, somos nosotros, porque les hemos dado poder para que nos arruinen el rato; nadie puede ser capaz de quitarnos la tranquilidad que Dios no ha dado, somos nosotros quienes los dejamos que se lleven nuestras sonrisas.
Recuerda que tú decides que cosas te afectan y que cosas no merecen tu atención, recuerdo en los evangelios, el relato de Bartimeo, (Mc, 10. 46) cuando la gente le decía: ¡cállate!, el igual seguía gritando con más fuerza: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! A Bartimeo no le importó que le bajaran la caña, el no le dio poder a los gritos de los otros y lo mismo debemos hacer nosotros.
Nadie merece nuestras lágrimas, nadie merece nuestros enojos y a nadie le debemos entregar la llave de nuestros sentimientos y emociones. Dios nos quiere felices, por eso no dejemos que otros se roben nuestra bendición.
jajajajaja. Me reí mucho con esta entrada. A mi me viven diciendo que cuándo me caso o tengo novio y la semana pasada me encontré con una de esas indiscretas y me dijo que estaba gorda; y si es cierto, te dan la solución despues que te insultan, me recomendó unas pastillas para adelgazar y me dijo que dejara de ser tan selectiva en cuanto a hombres porque iba a tenrminar sola, que ella estaba empezando una relación con alguien...despues me dijeron que así se la pasa, probando y probando...como que quiere que yo haga lo mismo.
ResponderEliminarTienes razón, uno no se debe dejar llevar de esas personas ladronas de la bendición.
Una vez me diste un gran consejo que no olvido, que antes de quejarme y contarle mis problemas a los demás buscara la respuesta en Dios, me ha servido muchísimo y me sorprende la forma en que responde, Gracias!!
Saludos Harold!!
Keth C.