jueves, 19 de agosto de 2010

Actuemos con misericordia…

Hoy quisiera meditar con ustedes acerca de la misericordia, partiendo de un cuento que alguna vez encontré por internet, dice así:

“Había una vez un hombre muy católico, que anunciaba el amor de Dios y asistía sin falta a la eucaristía, camino a la iglesia todos los días este hombre pasaba por la misma calle y se encontraba a un niño llorando de hambre en un rincón, el hombre lo miraba y seguía en su andar; cuando llegaba al templo se arrodillaba, cerraba sus ojos y empezaba a orar diciendo:
-Señor, hoy te pido por los niños que sufren de hambre en el mundo, ¿Señor, cuando vas a hacer algo por esos niños?
Eso sucedía todos los días, hasta que en uno de esos cuando el hombre preguntó:
-¿Señor, cuando vas a hacer algo por esos niños que sufren de hambre?
En lo más profundo de su oración escuchó una voz que le decía:
-Hijo mío, ya yo hice algo.
El hombre le replicó:
-¿Qué hiciste Señor, acaso ya les diste de comer, qué hiciste?
Y el Señor le respondió:
Hijo mío, te hice a ti…”


Quiero contarles que este cuento es uno de los que más me fascina y que lo he trabajado en otros medios, me encanta porque nos invita a ser vehículos de bendición para los otros, ¿en cuantas ocasiones no nos habrá sucedido lo mismo que ha ese hombre? Pedimos a Dios que haga las cosas que nosotros debemos hacer, porque está claro, Él nos ha puesto en determinadas situaciones para que demos testimonio de su amor en nuestras vidas.

Recordemos que la misericordia, es sentir y vivir la necesidad o el problema del otro como propia y desde allí empezar a actuar para encontrar posibilidades de solución. Resalto la palabra actuar, porque no podemos hacer misericordia, con palabras ni de labios para afuera como el hombre del cuento, que oraba, oraba y oraba pero nunca actuó, el verdadero compromiso con el Reino de los cielos se demuestra con acciones concretas.

Quiero invitarte a que leas el pasaje del buen samaritano en el evangelio según San Lucas en el capítulo 10, versículos 25 – 37. Para que entendamos cómo debemos comportarnos ante las necesidades del prójimo. A ese samaritano no le importó tener que pagar para que ese hombre maltratado y mal herido estuviera bien, tampoco le importó perder su tiempo ayudándolo, ni tener que bajarse de su cabalgadura, ni siquiera que era un judío, en verdad lo quería ayudar y eso fue lo que hizo, por eso la invitación para hoy es a actuar con misericordia…

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