lunes, 15 de marzo de 2010

“Los dueños” de Dios…

Hoy pienso en tanta gente que se cree dueña de Dios, aquellos que piensan que son los únicos ungidos, tocados por el Espíritu del Resucitado, y por ende tienen el privilegio de decir y hacer cosas que al parecer son avaladas por el Señor. Sí, son esos laicos que dicen sabérselas todas, que te hacen sentir mal como si ellos nunca hubieran cometido un pecado, los mismos que te miran como si te estuvieran condenando; nada más están pendientes de que tú comiences a hablar de Dios, para que ellos vengan a refutar todo lo que has dicho.

Me preocupa esa gente, que juzga, que condena y que te liquida con palabras hirientes; los que nunca se equivocan y si en algún momento llegaran a hacerlo se soportan en Dios diciendo: “es que el Señor quería que esto pasara” o “Dios lo ha mandado así”. Son aquellos que oran como los hipócritas o con palabras rebuscadas y extrañas, que hacen ayuno para que todos se den cuenta y que echan un montón de monedas (de pequeño valor) en la ofrenda para que suenen y los otros escuchen; su experiencia de Dios la viven sólo en la iglesia, porque afuera son unas fieras, cascarrabias y egoístas. Aparentan en el templo una actitud y en la calle otra, cómo si se les olvidara que afuera también son hijos del Padre de bondad.

A esa gente hay que decirle que con palabras bonitas y apariencias no se construye el Reino de los Cielos, recuerden el evangelio según san Mateo 7. 21: “no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la Voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Son nuestras acciones dentro y fuera de la iglesia, las que no abren la puerta de entrada a la casa del Padre. De nada sirve ir todos los días a la eucaristía, vivir metido en le grupo de oración o ejercer un ministerio, si esas experiencias no nos hacen cambiar nuestra actitud ante la vida. Si seguimos pisoteando y maltratando a la gente, pensando que somos dueños de Dios y no las sabemos todas. Algunas veces nos equivocaremos, pero no es bueno escudarnos en Dios o hacer cosas malas en su Nombre poderoso. Debemos tener en cuenta además, que aunque sepamos mucho de teología, de la Palabra o dirijamos procesos de formación, nunca se sabe tanto como para menospreciar los mensajes de otras personas, pues con humildad siempre se aprenden cosas nuevas.

En este momento, el evangelista nos invita a comprometernos con la implantación del Reino de Dios en la Tierra, pero con actos con concretos, con buenas acciones, que se nos note que somos católicos, que vivimos nuestra fe con intensidad, con tanta que amamos al Señor y del mismo modo al prójimo.

2 comentarios:

  1. (Mt 6,1-6.16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

    »Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

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