Una de las experiencias más hermosas es la oración, si cada hombre cerrara sus ojos y abriera su corazón a Dios todos los días, quizás muchas de los males que aquejan a la humanidad estuvieran resueltos. Pero la realidad es otra, incluso en algunas ocasiones aquellos que van al encuentro con el Señor a través de la oración, muchas veces no van convencidos de que ese que es Todopoderoso los puede ayudar, otros acuden a Él como última opción, primero van donde el brujo, al tarot, utilizan técnicas de auto salvación y luego por si las moscas, pedimos a Dios esa bendición que tanto anhelamos pero que buscamos en otro lado, son esas oraciones que comienzan diciendo:
“Padre, vengo a ti, a ver si por si acaso, no sé… de pronto, por si Tú puedes…concederme tal bendición.”
Así es muy difícil, si nosotros no confiamos, si no creemos, si no alcanzamos a tener la fe ni siquiera del tamaño de un granito de mostaza, es complicado. Por eso en este momento quiero citar el libro del profeta Jeremías 29, 12-13: “cuando me invoquen y vengan a suplicarme, yo los escucharé; y cuando me busquen me encontrarán, siempre que me imploren con todo su corazón.” Que bella Palabra la que el Señor nos regala hoy, a través de la Sagrada Escritura. Siempre nos escuchará, cada vez que lo busquemos de todo corazón lo encontraremos, pero ¿qué significa de todo corazón? Esta promesa nos invita a sentirnos amados por el Padre Dios y a buscarlo por ese amor que el deposita en nuestro interior, que está atento a nosotros y que espera que confiemos en su poder y su grandeza, reconociendo además que necesitamos de su obrar Divino y que sólo Él puede ayudarnos, por eso les invito a cambiar la oración antes citada, por esta:
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