No suelo escribir lo concerniente a mis aspectos personales, pero llevo meses guardándome esto, y la verdad es que no me aguanto las ganas de contarles. Lo que quiero compartir hoy con ustedes es: mi esposa está embarazada, y estoy feliz, ahora entiendo el gozo de ser padre, lo que se siente al saber que la nena que viene en camino es un pedacito de mí, que de la vida brota vida, es impresionante, parece como si inmediatamente me hubieran cambiado el chip, ya no hay tiempo de preocuparse por las cosas de uno, ahora es más importante ese regalo de Dios que viene en camino. La primera vez que le escuché los latidos del corazón viajé al cielo y regresé en un instante, no pude evitar que brotaran lagrimas de mis ojos… esos momentos únicamente los puede permitir el Señor, la sensación es sublime. Confieso que después de ese momento me volví un aficionado a las ecografías, cuento los días para ir a ver a mi hija, por lo menos a blanco y negro. No sé si todo esto que estoy escribiendo les parezca una bobada, pero al final verán que todo tiene sentido.
Llegar del trabajo y preguntar: ¿Cómo está la nena? ¿Se ha movido? Hace parte de mi itinerario, ¡ah! y no puede faltar: ver las pataditas que da inmediatamente me escucha hablarle, eso no tiene precio. A veces me quedo pensando y expreso: “no me imagino sin esa bebé”, la relación que tenemos es de aquellas que definen la vida. No les voy a negar que por momentos me angustio por determinadas situaciones, por todo el cuidado y del nuevo modelo de vida, pero con tan sólo verla moverse a lo largo y ancho de “la pipa” de mi esposa, se me olvida todo lo demás, es algo que nada puede compensar, ¡ese momento es valiosísimo!
Todo esto se los cuento porque es probable que alguno de ustedes no sepa lo que esto se siente y que quizás el hecho de tener un hijo les atemorice, pero sobretodo quiero hablarles a aquellos que se les ha pasado por la cabeza abortar. No somos quienes para truncar el proyecto de Dios, para hacer de jueces y escoger a quien le late y a quien no le late el corazón. No nos neguemos a la posibilidad de experimentar esto hermoso que el Señor me ha permitido vivir a mí. No los estoy invitando a ser irresponsables y a que vaya a tener hijos porque si, lo que les digo es que una vez nos enteremos de la gran noticia, no nos desanimemos, lo mejor está por venir.
Algo de miedo se siente cuando te enteras que viene una personita a agrandar la familia, pero desaparece cuando te das cuenta que esa personita, te va provocar la alegría más grande: ¡la de ser papá!
Espero sus comentarios... y más adelanto les cuento otras cositas.